Sobre-VIVIR en (a) tiempos de aislamiento

Sobrevivir como primera etapa; ¡¡VIVIR!! como objetivo final.

La crisis actual nos ha cambiado la vida no solo a millones de seres humanos en confinamiento, sino a todo el planeta, influyendo en la contaminación, que disminuye por primera vez en décadas, y las rutinas de algunos animales salvajes que sienten menos la presión humana.

En este periodo extraordinario estamos privados del soporte de las rutinas conocidas, explorando, (o sufriendo a la fuerza), el aislamiento social, la reducción del contacto humano y la incertidumbre frente al futuro tanto sanitario como económico.

¿Soy capaz de tomar conciencia de cómo me siento y con qué herramientas gestiono esta nueva situación?

 

El ritmo de la vida es de cambio constante, día-noche, ruido-silencio, movimiento-quietud, sueño-vigilia, inspiración-espiración, fantasía-realidad… y los seres humanos nos mecemos constantemente en el balancín de esas y otras muchas polaridades.

En esta fase nos toca más profundamente que nunca vivir otro de nuestros ciclos, el de contacto y retirada. Necesitamos el contacto con otros y con el ambiente para satisfacer nuestras necesidades y después necesitamos de la retirada, del aislamiento. Y cada persona tiene su propio compás y lo hace como sabe, quiere… o puede.

En el contacto creamos relaciones entre nosotros y otros sujetos. Compartimos energía (intelectual, íntima, física, emocional, sexual…) que nos resulta nutritiva y está orientada a satisfacer nuestra necesidad en ese momento. Una vez satisfecha, surge la necesidad de la retirada y escapada. De la extinción de esa relación. Eso nos permite crear un nuevo espacio para tener contacto con nosotros mismos o para satisfacer una nueva necesidad que aparecerá.

 

Contactar es ser consciente de lo que necesito e intentar obtenerlo y retirarme es soltar y regresar al lugar de neutralidad.

 

Así mantenemos el flujo del ciclo vital, como una sucesiva repetición de contactos y retiradas, que no siempre se producen en un ritmo sano, y en el que unas personas tienen más dificultad para retirarse y otras más para contactar.

 

¿Qué me está pasando en este momento de confinamiento?

 

En este momento de aislamiento social estamos separados del contacto con nuestras redes familiares, laborales y sociales, y también de la naturaleza y la actividad física.

Retirados de lo externo estamos obligados a un exceso de contacto con nosotros mismos. ¡Nosotros mismos!, esos seres a quienes frecuentemente ni entendemos ni soportamos. En otras palabras, se ha interrumpido el ciclo natural de contacto-retirada, nos han privado de la posibilidad de elegir qué necesidad necesitamos cubrir, (salir al monte, tomar un cerveza con un amigo…)  y obligado a habitar en el polo de la retirada y el aislamiento.

Necesariamente esa ruptura del equilibrio nos causa efectos físicos, psicológicos y emocionales.

¿Soy consciente de lo que me está sucediendo en estos momentos?

¿Me escondo de mí mismo haciendo, o no haciendo?

¿Siento cansancio, ansiedad, angustia, excitación, incertidumbre, miedo…?

Ya escucho a personas que manifiestan que tienen miedo de salir a la calle de nuevo. De pensar en cómo van a actuar, en saber si tendrán trabajo o no, si será de la misma manera, cómo se van a relacionar. En resumen, de cómo va a cambiar su vida.

¿Qué tendremos que hacer cuando esto finalice para retomar el pulso de la existencia?

¿Cómo vamos a volver a reiniciar el fluir cuando acabe este ciclo que nos está deshumanizando?

¿Qué herramientas tengo para gestionar esta nueva realidad interna y externa?   

 

La herramienta más cercana y conocida a la que podemos acudir es a la expresión de nuestros sentimientos.

 

En la externalización de los pensamientos descubrimos nuevos ámbitos de lo que necesitamos y lo que no. Nos vamos dando cuenta de con qué necesitamos contactar y de qué necesitamos alejarnos. Profundizando en ese proceso podremos evolucionar mejor en la vida.

Todos tenemos la experiencia de haber sufrido un problema, o habernos sentido mal en algún momento. Diariamente, nos encontramos con situaciones adversas o que nos hieren, nos enfadan o nos hacen sentir culpables, y en este momento aún más.

La verbalización tiene como objetivo liberar esas sensaciones y profundizar en su origen, que en la mayoría de ocasiones va mucho más allá de esa situación aparentemente sin importancia.

El método es tan simple como conocido y eficaz. Expresar delante de un grupo de personas. Hablar y ser escuchado. Escucharse y observarse. Explicar al grupo situaciones, emociones o estados de ánimo que me han afectado, “positivamente” o “negativamente”. Observarme cuando me abro y observar cómo me siento cuando lo hacen los demás. Observarme cuando me encierro, lo que no quiero contar y observar cómo me siento cuando los demás me dejan fuera.

Al exteriorizar algo, aunque estuviéramos convencidos de que sabíamos lo que sentíamos, se nos revelan nuevas dimensiones y comprensiones de ese hecho. Se aclaran extremos, surgen nuevos planos y contenidos y hasta se iluminan nuevos rincones de nuestra mente. Es un fenómeno más fácil de experimentar que de explicar.

En la escucha grupal el propio grupo se conmueve, cambia, y algo de lo que siente cada persona resuena en el propio grupo y en todos los participantes.

Lo expresado desde el interior auténtico no genera indiferencia, muy al contrario libera culpas, alivia cargas y deshace juicios. 

Y el regalo definitivo llega cuando uno empieza a mirarse a sí mismo más benévolamente, ya que eso le permitirá también empezar a ver así a los demás.

Cuando yo me reconozco puedo reconocer a los demás, cuando yo me veo puedo ver a los demás.

 

¿Esta crisis será algo para olvidar o para recordar siempre?, pues puede que las dos cosas… o ninguna.

Author: Iñigo Jorge Velasco Chaos
Licenciado en Derecho, especialista en comercio internacional, formador y mediador.

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